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Sunday, December 5, 2010

Europa: del "Estado benefactor" al Estado de Quiebra III: los problemas de hoy son hijos de las "soluciones" de ayer


"El comportamiento es una función de las reglas del ambiente"

Dale Brethower

"Ten cuidado con lo que deseas, porque es posible que se haga realidad"
Viejo dicho anglosajón

La diferencia entre la "ética del trtabajo" entre la Europa anglosajona y la mediterránea que señalaba el artículo previo existe y es un factor clave en la explicación del desarrollo desigual no sólo entre países del Norte y del Sur, sino de regiones dentro de los mismos países.

Así los italianos del Norte se resisten a sostener los subsidios a los del Sur, y los catalanes, más recientemente, cuestionan los subsidios a los andaluces.

Del mismo modo cada 5 o 10 años, cuando estalla una crisis, los estados ricos del Brasil (en este caso al Sur) proponen la secesión de los pobres del Norte , y similarmente los estados ricos del Este boliviano tratan de independizarse de los pobres del Altiplano.

Los datos les dan la "razón", pero no explican o distorsionan las causas, y por ende, en lugar de resolver el problema lo prolongan y a veces lo agravan, poniendo a los que deben resolverlo a pelear unos contra otros guerras suicidas como la de coyas contra cambás o la del Norte contra el Sur que tan hábilmente eligió Maradona para hacerse popular en su paso por el Nápoli antes de dejar una estela de arrestos por drogas, impuestos impagos e hijos ilegítmos no reconocidos.

Las diferencias en el comportamiento -que el pensamiento de derecha atribuye a cuestiones nacionales, biológicas y raciales y el de izquierda invierte usando una dualidad maniquea victima (los "oprimidos" del Sur) - victimario (los "opresores" del Norte) - son de hecho, consecuencias de los modelos ecónómicos y los sistemas de "premios y castigos" que éstos crean.

Más aún: los problemas de la Europa de hoy son los hijos tardíos de las "soluciones" de emergencia de la posguerra y en particular, de la transformación de sistemas de soporte temporal -seguros de desempleo, pensiones a viudas e inválidos de guerra, vivienda subsidiada para la reconstrucción de un mundo en escombros- en sistemas de subsidios permanentes y vitalicios que los sucesivos gobiernos -de izquierda o derecha- no se atrevieron a cambiar ni encontraron mejor forma de sostener que la emisión de deuda futura.

En el Norte, Gran Bretaña hizo el "ajuste" del mastodóntico y quebrado sistema de salud y pensiones y las arterosclerótizantes leyes laborales en los gobiernos sucesivos de la conservadora Thatcher y el laborista Blair. Los resultados fueron una recuperación económica dolorosa pero sólida que es la que hace que el 70 % de la opinión pública apoye el "pagar ahora" que propone Cameron (también elegido por esa plataforma)

Alemania hizo lo propio con gobiernos socialistas y democristianos -partiendo de una experiencia histórica exitosa con la década del "milagro" de la economía social de mercado de Adenauer y Erhard en los cincuenta.

Y los resultados están a la vista:



En la Europa mediterránea, se siguió el camino contrario, apilando más beneficios y gastos en el sistema estatal en los años de crecimiento de la década del 80 y del 90, cortando la jornada de trabajo, la edad de retiro y aumentando los créditos subsidiados a la construcción a través de la multiplicación de cajas regionales subsidiadas.

España, Francia, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda siguieron el modelo hasta que -ya a fines de los noventa- era claro que se había acumulado un nivel de endeudamiento insostenible.

Francia eligió tomar el ricino primero eligiendo a Sarkozy -quien pese a su impopularidad personal sigue teniendo un 65 % de franceses a favor de sus medidas económicas- mientras que la España de Zapatero -llegado sobre una ola de reacción a la guerra de Irak y miedo genuflexo a nuevos ataques terroristas- optó por el camino populista de hacer todo lo contrario, exacerbando y expandiendo el estado benefactor a los inmigrantes árabes y latinoamericanos y postergando la indispensable reforms laboral en un país que contaba ya con un 15 % fijo de desempleo crónico.

Mientras que en el Norte, el seguro de desempleo es un "castigo" y la reconversión laboral y el empleo y premio al que se accede rápidamente cambiando de industria, en el Sur los premios están en el "paro" crónico, la casa subsidiada y los reclamos al Estado.

Mientras que en el Norte las quejas son por altos impuestos e inflación -dos mecanismos que golpean primero a los de menores ingresos-, en el Sur, con ingresos generados por empleos subsidiados o pensiones a los 50 años, las quejas estallan en cuanto se toca a la "vaca sagrada" del Estado benfactor.

Si bien la amplia mayoría de los europeos del Sur reconoce que el Estado está qiebrado y que mayor deuda es suicida, tras 45 años de vivir en el sistema -dos generaciones-, pocos quieren ser los primeros en enfrentar la austeridad -más años de trabajo, capacitarse para empleos reales, competir por servicios, vivir en casas acordes con los ingresos reales-.

Y tienen razón, porque los premios clientelistas han atrofiado las capacidades y generado incertidumbre entre quienes se han criado en el sistema para abandonarlo.

Los nietos de los gallegos e italianos que llegaron a "hacerse la América" en las primeras décadas del siglo 20 trabajando 14 o 18 horas diarias sin sábados ni domingos no están dispuestos ni preparados para emigrar siguiendo su ruta hacia las Américas actuales a pesar de que éstas les ofrecen mucho mejores oportunidades de crecimiento económico.

En América Latina, los países que reformaron antes sus estados benefactores -Chile, Brasil, Colombia- se encuentran a la cabeza no sólo del crecimiento -que viene como consecuencia de factores externos (como el tipo de cambio atrasado o los precios de las commodities)- sino de la atracción de inversiones y crédito por el bajo riesgo que prometen sus economías y estados solventes.

El bloque bolivariano -encabezado por Venezuela, Ecuador y Argentina- sigue en cambio quemando divisas para sostener subsidios y engordando sus estados hasta convertir superávits en déficits y hacer caer la producción de sus recursos más típicos: petróleo, granos, carne, leche.

La historia que no se aprende se repite.

El comportamiento es hijo de premios y castigos. Mientras no cambiemos los premios y castigos de lugar, no habrá cambio de comportamiento.

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